La dinámica del grave accidente ferroviario ocurrido cerca de la estación de Urda, en la línea de alta velocidad entre Madrid y Sevilla, sigue en el centro de una exhaustiva reconstrucción técnica. El impacto entre dos convoyes, que causó un total de sesenta y nueve víctimas, ocurrió tras un intervalo crítico de veintitrés minutos desde la aparición de los primeros problemas en los sistemas de seguridad. Según informó la cadena RTVE, la colisión involucró a un convoy Iryo con ciento cuarenta y siete viajeros y a un tren AVE con trescientos setenta y nueve pasajeros a bordo.

El ministro de Transportes y Movilidad Sostenible, Óscar Puente, informó de que el origen de los problemas se debe a una caída del dispositivo LZB, causada por un fallo de comunicación de los ordenadores. Dicho aparato garantiza la supervisión continua del tráfico mediante conexiones físicas a lo largo de las vías, deteniendo los convoyes en caso de peligro. Cuando la tecnología principal deja de funcionar, la normativa prescribe el paso al bloqueo de señalización lateral, integrado por el soporte ASFA.

La secuencia operativa ha generado fuertes dudas entre los expertos. El centro de regulación de la circulación autorizó al AVE a avanzar a velocidad normal en lugar de prescribir la marcha a la vista, a pesar de que el otro convoy estaba parado en el trayecto. El profesor José María Goicolea, docente universitario en Madrid, subrayó la importancia de los protocolos para evitar que la protección de los pasajeros esté subordinada a decisiones humanas individuales.

La Autoridad Independiente de Investigación Técnica de Accidentes confirmó que todas las hipótesis permanecen oficialmente abiertas. Las investigaciones deberán determinar por qué el sistema de frenado automático subsidiario no detuvo la marcha del AVE antes del impacto y qué impedimentos bloquearon al Iryo en las vías. También se espera aclarar si el centro de gestión recibió a tiempo la alarma sobre la presencia del primer vehículo parado.