El presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, admitió que la confianza de los ciudadanos en la red ferroviaria se encuentra rota tras los graves siniestros ocurridos en Urda, en la provincia de Toledo, y en Adamuz, en el territorio de Córdoba. Según informó la emisora RTVE, la intervención tuvo lugar en Toledo al margen de los trabajos del organismo de coordinación operativa, donde se gestionan los efectos del choque de Urda, que causó sesenta y nueve muertos confirmados.

El jefe del ejecutivo reiteró que el país no puede considerar aceptable la ocurrencia de dos sucesos dramáticos de tal envergadura en el plazo de doce meses, teniendo en cuenta la importancia estratégica de su infraestructura. Sánchez prometió que la administración central está comprometida a aclarar todas las dinámicas y a aportar respuestas concretas para reforzar la seguridad de los convoyes de alta velocidad, expresando al mismo tiempo su agradecimiento al personal de rescate y a la ciudadanía por la asistencia prestada durante la emergencia.

En la reunión operativa, Sánchez estuvo acompañado por el ministro del Interior Fernando Grande-Marlaska y las autoridades regionales de Castilla-La Mancha, mientras que el ministro de Transportes Óscar Puente estuvo ausente. Sobre este último han aumentado las presiones políticas por parte de las oposiciones, en particular del Partido Popular, que exigieron formalmente un paso atrás inmediato o su destitución de su cargo gubernamental.

En una rueda de prensa independiente en Madrid, el ministro Puente descartó no obstante su renuncia, sosteniendo que la prioridad actual consiste en profundizar en las pesquisas técnicas e identificar las medidas necesarias. El titular de Transportes precisó que puso su cargo a disposición del presidente del ejecutivo, añadiendo que no recibió ninguna petición de cese y manteniendo su máximo compromiso con la verificación de las causas.